Ya está bien. Es el segundo edificio protegido que se demuele en el mes de octubre. Esta vez ha sido en la pedanía de Otañes. No puedo creerme que se le haya pasado por alto al Ayuntamiento, a sus técnicos del departamento de urbanismo, o al alcalde, responsable de urbanismo y promotor de la última Bienal de Arquitectura; ni siquiera a los promotores, siempre conocedores de cuantas servidumbres afectan a sus negocios. Tampoco me consta que en esta ocasión se haya producido descatalogación como en el caso del edificio de la Ronda, ya desaparecido. Así que no sé como se va a justificar esta vez la destrucción de este edificio.
Me refiero a la reciente demolición de un mirador modernista, el de la Casa Barón, enclavada en una finca en la que, según la información que me han dado los vecinos del lugar, se van a construir tres chalés; y la casa, lo que queda de la casa, va a ser rehabilitada, imagino que para su uso como vivienda, una rehabilitación a medida de no sé que gustos e intereses, pero que empieza destruyendo el elemento más singular de este edificio protegido.
 El mirador de la Casa Barón en Otañes. La foto está tomada hace 17 años, aunque en la actualidad se encontraba prácticamente igual.
El asunto es grave. Ya no es cuestión de estrafalarismos interesados ni de chapuzas jurídicas como en el caso del edificio nº 26 de la calle de la Ronda. Aquí se ha demolido un edificio protegido a sabiendas, o no, de los responsables políticos y técnicos del Ayuntamiento, y tanto en un caso como en otro se nos transmite una vez más, por la desgraciada vía de la consumación de los hechos, que este ayuntamiento no controla. No controla ni la disciplina urbanística, ni la protección del patrimonio, potestades ambas que le corresponden por ley.
La Casa Barón es (tengo que decir “era”) un excelente ejemplo de arquitectura singular en la zona rural de Cantabria: de corte neoclásico, y buena fábrica en su construcción con mampostería revestida y esquinales de sillería, en el que destacaba, sobre todo, el mirador galería de su fachada sur, construido en madera, con ventanas de guillotina, e incrustaciones cerámicas en su decoración. Era un mirador vistoso y colorista que recordaba el estilo modernista, y que resultaba especialmente singular por la incorporación de un elemento vanguardista de principios del siglo XX en la arquitectura rural tradicional. Por esta razón había sido protegido, e incluido en la ficha B-22 del Catálogo de Protección Arquitectónico y Arqueológico del Plan General. También, paradojas de la vida, se menciona en la página 94 de la Guía de Arquitectura de Castro Urdiales que se editó con ocasión de la Bienal de Arquitectura de hace seis meses ¡qué pronto se han olvidado los propósitos de enmienda que políticos y profesionales se hicieron durante la celebración de esa bienal en pro de la protección del patrimonio arquitectónico!
La destrucción de este edificio es tan solo una de las muestras evidentes de la agresión que está sufriendo el medio urbano y natural de Otañes y de Los Corrales, núcleos urbanos que han pasado en muy poquitos años de ser unos pueblos bellos, armoniosos, de enorme valor histórico artístico, arraigados en la cultura rural, a convertirse en unos pueblos mediocres, invadidos por construcciones adosadas y abrumados por la cultura del ladrillo. Otañes es la pedanía que, con una quincena de edificios catalogados, merecía su declaración como Bien de Interés Cultural, en la categoría de Conjunto Histórico Artístico. El resultado, como en otras pedanías del municipio, ha sido, desde mi punto de vista, el de un autentico expolio de su patrimonio y de su paisaje para favorecer las plusvalías que deja la construcción sin que ello reporte una mejora de los equipamientos y servicios de esta junta vecinal.
Con la destrucción parcial de este edificio caigo en el estado de ánimo al que se nos invoca permanentemente en nuestro municipio: que no hay nada que hacer. Que ni siquiera se respeta los edificios que están protegidos. Que la sinrazón por la que cabalga este descontrol no tiene límites. Y que si ahora no estaría denunciando esta barbaridad seguramente nadie se sentiría aludido, ni apenado, ni afectado. Personalmente me siento golpeado demasiadas veces como para no reaccionar y exigir, como ciudadano ocupado y preocupado por la defensa del patrimonio, que esta barbaridad tenga alguna consecuencia. Decía más arriba que el asunto es grave, tanto, que el mismísimo código penal tipifica en el artículo 321 y siguientes los delitos sobre el patrimonio, es decir, se castiga con penas muy severas a quienes derriben o alteren gravemente edificios singularmente protegidos, y los sujetos responsables pueden ser tanto autoridades, como funcionarios públicos, como los propios promotores.
Sin embargo, no voy a recrearme en señalar a nadie, ni a obcecarme en presuntos culpables, ni a nadie voy a llevar a los tribunales. Hay demasiados responsables en nuestro municipio en la defensa del interés general como para ocuparme yo de ese menester. Tan solo voy a proponer algo cargado, creo, de sentido común, y que está previsto en el código penal, y en la ley del suelo: que los responsables, quienes sean, reconstruyan el mirador y lo dejen lo más parecido posible al original. Con las técnicas adecuadas y buenos materiales hoy se hacen auténticas virguerías. No quedará exactamente igual que el mirador modernista tan admirado, pero al menos se salvará la imagen del edificio. Se pueden, además recuperar en su reconstrucción las pinturas originales en una de las fachadas, y hacer desaparecer uno de los vanos que desmerecían el conjunto. Hay documentación gráfica como para conseguirlo, y es lo mínimo por lo que debieran pagar sus responsables, sean estos públicos, privados, o mancomunados. Naturalmente, esto exige que por parte del Ayuntamiento se cumpla y se haga cumplir la ley del suelo y se actúe exigiendo la restauración de la legalidad a quienes la hayan infringido, algo de lo que, a la vista de las experiencias almacenadas, dudo muy seriamente de que se lleve a efecto.
Pero voy a pedir más. Creo que justo. Que no vuelva a repetirse nada parecido. Para ello es necesario que se instituya un departamento municipal de patrimonio cultural, que controle este tipo de actuaciones, que potencie el patrimonio arquitectónico y arqueológico, su puesta en valor, y su restauración, y que tome medidas eficaces para su protección. Es lo mínimo en un municipio como el de Castro Urdiales cargado de historia, y aún pletórico en yacimientos arqueológicos desde el Paleolítico hasta mediados del siglo XX; con una notable arquitectura urbana, y una valiosísima, para mí, arquitectura rural. Quizás la visión egocéntrica que solemos tener en Castro no nos ha permitido detenernos en la arquitectura rural, y quizás por esta razón esta ha sido, y está siendo, la gran pagana de la desmesura urbanística de los últimos años. Hay unas 30 casas rurales protegidas en el Plan General, pero estoy convencido que el listado debiera llegar a las cien. Y serían más si no fuera porque el modelo urbanístico operado en nuestro municipio se ha cargado ya numerosas casas rurales con entidad como para ser protegidas para sustituirlas por esta interminable plaga de vivienda adosada que se extiende por las pedanías de nuestro municipio. Por eso voy a hacer mi tercera y última petición: que se encargue urgentemente un inventario de la vivienda rural del municipio, y se incorpore al Catálogo del Protección del Plan General.
Así que esto es lo único positivo que puedo sacar de algo tan negativo como es la destrucción de nuestro patrimonio. Quizás así, si hay algún responsable político que lea este escrito, intente hacer algo por cambiar la tendencia de lo que ha sido un inmenso fracaso en materia de gestión del patrimonio durante los últimos años.
Naturalmente, después de tantos golpes, no me creo nada.
Juantxu Bazán Asociación Ciudadana OTRO CASTRO ES POSIBLE
 Imagen de la Casa Barón con el mirador ya demolido. La foto está sacada el día 3 de noviembre, unos diez días después de haber demolido el mirador.
 La fachada sur de la Casa Barón, hacia 1990. En 1.997 fue incluida en el Catálogo de Protección Arquitectónica del Plan General.
 Foto de la ficha del Plan General que protege el edificio. Puede leerse que si bien pueden edificarse viviendas unifamiliares en la parcela "en la fachada del edificio protegido solo podrán admitirse obras de restauración, conservación y consolidación".
 La destrucción de la Casa Barón es el paradigma de la destrucción del medio urbano y natural de Otañes. En la foto sacada desde la Estación de Otañes puede observarse el predominio de la arquitectura clónica frente a la singularidad que antaño nos ofrecía la arquitectura rural y medieval de este núcleo urbano.
 Otañes desde el sur, concretamente desde las faldas del Monte de La Helguera. A pesar del espectacular crecimiento urbano de Otañes, en el que se ha multiplicado por tres el suelo urbano existente y por cuatro el número de viviendas, no se ha edificado ni un solo equipamiento público, ni se han producido cesiones de espacios públicos, ni parques, ni jardines, y la urbanización es deficiente. Además se ha urbanizado sin red de saneamiento que canalice y depure convenientemente las aguas fecales. |