La Asociación Ciudadana Otro Castro Es Posible traslada su indignación a la Consejería de Medio Ambiente por las obras de la red de saneamiento que se están ejecutando entre Mioño y Otañes.
S.O.S. RIO CABRERA
El río Cabrera, también llamado río Mioño, es el más largo de los que bañan el municipio de Castro Urdiales. Desde su nacimiento en las faldas del monte Betayo hasta su desembocadura recibe aguas de los arroyos de Callejamala, Herreros, Rucalzada, Zárzaga… y atraviesa el valle de Otañes para desembocar en la playa de Dícido después de atravesar los núcleos rurales de Otañes, Los Corrales, Santullán, Lusa y Mioño.

Este río ha sido uno de los protagonistas, junto al río de Sámano y el Sabiote, en el reciente Foro del Agua celebrado en la Residencia al auspicio de la convocatoria realizada por la Consejería de Medio Ambiente. Nuestra asociación ha participado en esta y otras jornadas junto a otras asociaciones locales, ciudadanos, técnicos y cargos políticos del Ayuntamiento, de la Consejería de Medio Ambiente, y de algunas juntas vecinales de Castro Urdiales.
Sin embargo, mientras los ciudadanos nos mojamos (nunca mejor dicho), y planteamos propuestas para mejorar la calidad de nuestras cuencas hidrográficas (sobre las que la administración, creemos, ha tomado buena nota) asistimos desolados a un nuevo episodio que va justamente por el camino contrario: una agresión incomprensible sobre la cuenca hidrográfica del río Cabrera provocada por la obra que desde hace semanas se está ejecutando para la canalización de la red de saneamiento de los núcleos rurales bañados por el río Cabrera.
Esta obra, promovida por la Dirección General de Obras Hidráulicas de la Consejería de Medio Ambiente, tan reclamada como necesaria, va a paliar en buena medida alguno de los problemas que sufre el río Cabrera, pues evitará los vertidos de aguas fecales defectuosamente depurados que se vienen haciendo en Mioño, Santullán, o Los Corrales; aguas malas sobre el río Cabrera que, además, contaminan la captación de agua potable del que se surte la ciudad y una buena parte del municipio de Castro Urdiales. Ninguna objeción vamos a hacer sobre esta obra, salvo claro está, que se ejecute correctamente… y es justamente aquí donde nos encontramos con el estropicio. La Dirección General de Obras Hidráulicas ha diseñado la red de saneamiento alineándola paralelamente al río Cabrera, casi siempre por su zona de servidumbre, sobre la propia ribera, atravesando incluso el lecho del río por varios puntos de su recorrido… es decir, una obra de infraestructura que afecta directamente a los ecosistemas relevantes que reúne la cuenca del río Cabrera y que, por tanto exige tomar todas las cautelas posibles para su ejecución, máxime cuando quien promueve la obra es, insistimos, la Consejería de Medio Ambiente.
Destrucción de la ribera, de la vegetación autóctona, y del hábitat de varias especies animales protegidas
Esta obra hace trizas las recomendaciones del Plan Director de Saneamiento del Gobierno de Cantabria, burla su Informe de Sostenibilidad y carece de la obligada vigilancia ambiental.
Por señalar una relación de agresiones ecológicas que hemos observado, diremos que se ha destruido y/o modificado la ribera del río en una buena parte de su recorrido; con ello se ha destruido una valiosa flora que lo protegía, eliminando decenas de especies vegetales como robles, alisos, fresnos, chopos, castaños, avellanos, aladiernos, labiérnagos y encinas, especies protegidas por la legislación ambiental de Cantabria. Se ha destruido el hábitat de varias especies animales protegidas por la legislación española y europea como por ejemplo, el martín pescador, mirlo acuático, lavanderas, currucas, mosquiteros, zarceros, carboneros, herrerillos,… (entre la fauna avícola) y las anguilas, truchas o piscardos que antaño abundaban en este río, pudiendo desaparecer para siempre. Al constructor de esta obra le ha resultado más rentable arrasar con la vegetación de ribera que canalizar adecuadamente la tubería: no existe un plan de eliminación de los residuos de inertes, simplemente se excava y se extienden los materiales a la orilla del río cambiando su orografía, su edafología, su paisaje; se han vertido áridos de construcción directamente al río; se ha utilizado maquinaría inadecuada para actuar sobre la canalización, con el consiguiente agravamientos de los impactos sobre el paisaje y ecosistema de ribera de esta zona. No sólo se está destruyendo el medio natural sino que se está impidiendo una adecuada restauración ambiental cuando la obra finalice.
No hace falta decir que este tipo de agresiones incumple de lleno la Directiva Marco del Agua (justamente la que plantea la participación ciudadana para mejorar la calidad de los ríos y las cuencas hidrográficas) que ordena a las administraciones tomar medidas para prevenir el deterioro de las cuencas hidrográficas. Constatamos, por otro lado, un flagrante incumplimiento de la Ley de Control Ambiental Integrado (la ley de Cantabria 17/2006), por cuanto esta obra de saneamiento no ha sido sometida a control ambiental, ni se están poniendo en marcha los mecanismos de vigilancia e inspección. O acaso si existe un Plan de Vigilancia Ambiental, pero no se está llevando a efecto, con lo que se demostraría una vez más lo pomposo de ciertos enunciados que pretenden convencernos de que la administración ambiental cuida por la conservación del medio natural, cuando la realidad nos demuestra justamente todo lo contrario. La única buena noticia que hemos recibido después de haber dado a conocer a la Consejería de Medio Ambiente el destrozo que se está produciendo sobre la ribera del río Cabrera es el compromiso por parte del Director General de Medio Ambiente, Javier García Oliva, para la investigación de los hechos y la toma de medidas para evitar impactos inadmisibles.
Si esto es así consideramos que debiera acordarse una suspensión temporal de la obra hasta que se garanticen las medidas de control ambiental que exige su ejecución, así como las medidas correctoras para prevenir así la continuación con el deterioro que se está produciendo en la zona, tal como está previsto en el art. 47 de la ley 17/2006. En cualquier caso, reclamamos de la administración un riguroso cumplimiento de la restauración ambiental, restauración que debe ser ambiciosa y formar parte de esta obra, con cargo al presupuesto de la misma.
En definitiva, se requiere una actuación urgente por parte de la administración ambiental, que atienda esta urgente llamada de socorro al río Cabrera, pues como muy bien se dice en la Directiva Marco del Agua, es necesario proteger los ríos y los ecosistemas que dependen del agua para poder permitirnos recuperar la calidad de nuestras aguas.
Asociación Ciudadana OTRO CASTRO ES POSIBLE Comunicado aprobado en reunión de la Junta Directiva del sábado 8 de noviembre de 2008
 La obra ha producido la destrucción del talud original para dar paso a la tubería provocando el relleno de piedra caliza de una de las riberas del río cabrera (entre Lusa y Santullán) arrasando con la vegetación y el sustrato original del suelo. Este tipo de actuaciones, además del daño ecológico que producen, impiden una correcta restauración ambiental de la zona afectada por la obra.
 Además de destruir la vegetación de la orilla, por efecto de los trabajos mecanizados se ha producido la destrucción de la ribera en algunas zonas del río.
 En esta toma más próxima se observa el efecto de la erosión sobre la ribera desnuda y debilitada.
 A la derecha de esta foto se adivina el talud de la autovía A-( con la vegetación que ha sobrevivido en esa margen del río... a la izquierda ha desaparecido la vegetación cambiando drásticamente el paisaje de ribera.
 Uno de los robles próximos al río, en Santullán, cerca del puente, inexplicablemente talados, dado que ni siquiera afectaban a la canalización.
 Otra toma de las obras en la zona próxima la antiguo molino, en Santullán.
 Acúmulos de materiales procedentes de excavación que debieran transportarse a vertedero y que se utilizan para rellenar y modificar la orografía de las riberas, materiales que en buena parte contaminarán el río de lodos en época de lluvias.
 Algunas de las especies que encontramos cortadas en varios tramos del río.
 Otra de las muestras por las que se delata el descontrol ambiental de esta obra. La foto está tomada desde el puente de San Juan, sobre la vía de Traslaviña, una vez se pasa Santullán en dirección a Otañes. Puede observarse como se han descargado áridos desde el puente hacia la ribera, casi 10 m. más abajo, provocando la contaminación del río con arena de cantera. Una muestra más de que lo que le ha importado al contratista es la rentabilidad de la obra, a costa de los enormes impactos ambientales que está sufriendo el río Cabrera.
 Desde el Puente San Juan, al otro lado. Hace tan sólo dos semanas esta zona estaba bien tupida de la vegetación de ribera con ejemplares de buen porte: alisos, robles, fresnos, salpicados por plátanos, rubíneas y eucaliptos. Hoy ha desaparecido una buena parte de esta vegetación tal como muestran los claros que han dejado las obras de canalización.
 Improvisada escollera hecha con material de relleno.
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